20 de mayo de 2012

Mi camino

Y mis deseschas botas me calzé,
rasgadas de contar baches y piedras,
golpes en la espalda y sonrisas hiedras;
que me definieron mal, para bien.

Aún hoy siguen pesando y pensando,
mellando en la comparsa de mis pasos,
dejando el camino de luz escaso,
cubriendo el cielo y con el mazo dando.

Y salí en busca de aquel horizonte
con una sonrisa en el corazón,
dispuesto a que no me quemara el sol,
viajando a Ítaca de polizonte.

Cruzando el río que negó el saludo
del elenco de campos cultivados
el agua golpeó mis caducados
ropajes para dejarme desnudo.

Y en la puerta de la ciudad del viento,
me abandonó la fría noche oscura,
temiendo mi propia temperatura
y tu olor me devolvió el aliento.

Al levantar los ojos del camino,
vi como entrabamos al mismo instante,
sonriéndonos por tenernos delante,
por compartir el resto del destino.

6 de mayo de 2012

Declaración de ofrenta

En estos tiempos uno siempre busca ser más listo que su estado sentimental, cuadrar las cuentas del ánimo con saldo positivo, añadir un haber donde antes solo había debe, tener una tasa de crecimiento espiritual, dejar de ser un producto interior bruto. Buscamos ganar la partida del monopoly, regresar de la regresión. Olvidar la mala sombra del banco donde os sentásteis juntos, de la caja que llenásteis de recuerdos.

Pero, ¿que hacer cuando la declaración de amor no te sale a devolver? Cuanto la otra persona no tiene una ventanilla online para resolver tus dudas. Cuando tiene otro acreedor que le reclama más tiempo y no puede pagarte del banco de su cariño, cuando la otra persona ha marcado la casilla de los fines, no la de los principios. Cuando tus acciones, cotizando su sonrisa, caen en picado.

Puedes intentar diseñar un plan de asustes, invertir en desarrollo personal, privatizar algunos sentimientos, fusionarte con el silencio... pero las agencias de rating problablemente terminen por restar credibilidad a todos tus actos.

Intentado todo, solo queda firmar los documientos, confirmar la operación salida, cumplir con lo escrito como un cavaliere. Pedir la cuenta y pagar lo que se deba en abrazos.

Y al final, si nada de esto tiene resultado, austeridad.

7 de mayo de 2010

Mi primera vez

Segundo clasificado (quedando el primero desierto) del concurso de relatos ultracortos de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza.

Escrito por: Andrés García Cavero

Tema: Mi primera vez

El cuerpo de Beatriz parecía no necesitar edredón para mantenerse caliente. Su espalda, desnuda, reflejaba la luz del amanecer que tímidamente dejaban entrar las cortinas y sus manos agarraban la almohada como si quisiera a la tumba. Sus ojos, cerrados, parecían no quitarme la vista de encima.

A los piés de la cama, un vestido con manchas rojas ponía la única pincelada de color a una habitación que parecía haber sido rescatada arqueológicamente del siglo pasado. Tan sólo un armario empotrado y un tocador a la izquierda, según yo me encontraba tumbado, acentuaban el lado femenino de la estancia.

Desde una antigua estantería, situada a la derecha de la cama, la parte masculina de aquella habitación; llamaba la atención la típica foto de familia con hija en medio, una señora como dios manda y un padre de mirada militar que abrazaba fuertemente, como tratando de impedir que escapase corriendo, a una adolescente con aparato dental que desafiaba a la naturaleza con una altura desproporcionada y unos senos voluminosos.

Ya en pié, tras ponerme la chaqueta, admiré su silueta burguesa una vez más, para luego, silenciosamente, disponerme a abandonar la habitación. Me agaché y recogí del suelo, en el umbral de la puerta, los dos casquillos de catorce milímetros que tan fríamente había disparado minutos antes. Salté como pude, ya en las escaleras, el cadáver de su noviete y me encaminé hacia la calle, ya con las sirenas de la policía de fondo, alertados por los vecinos, que habían escuchado gritos en la casa del fiscal general.

21 de marzo de 2010

Vivir con lo propuesto

Vivir con lo propuesto significa no tener nada en el bolsillo, y, sin embargo, tenerlo todo en la cabeza. Significa escribir tus propios mandamientos, y cometer también tus propios pecados. Significa creer, que de algún modo, una cámara cinematográfica camina detrás de tí como si tu vida fuese una película de autor donde tu interpretas el personaje principal. Significa echarle cuatro cucharadas de azucar moreno al té, aprender a volar. Significa interpretar un papel, uno que tu mismo has escrito. Significa serle fiel al yo que tú mismo has creado, y serle fiel sin esperar ninguna recompensa por ello hasta los títulos de crédito, los cuales, irónicamente, no verás nunca.

Vivir con lo propuesto es ser patéticamente soso a la hora de inventar excusas, y un tozudo orgulloso en el momento de dejarte convencer por ellas porque vivir es, precisamente, proponerse algo y luchar por cumplirlo; sabiendo que de cualquier otra manera no será posible. Significa valorar más la música que escuchas en tu cabeza cuando piensas, que el ruido del mundo. Porque automágicamente, ella ya sabe el ritmo que tu quieres seguir.

Vivir con lo propuesto significa resbalarse una vez al día, tropezarse dos a la semana, caerse tres al més, morir cuatro al año y volver a nacer en cada una de ellas. Pero sobre todo, por encima de cualquier otra definición, vivir con lo propuesto es verme donde tiempo hace era impoposible imaginarme, y mirarte.

6 de marzo de 2010

Un café del coso

Nochevieja del 200?

Mi nochevieja fue bailar un rato
y charlar con Jack a cara de perro,
y reivindicarme antes del destierro
vistiendo de corbata sin zapatos.

Grandes esponjas en busca del más,
de mihuras alcoholicos un encierro,
los tres tenores brindando en mi entierro
y un ataúd firmado por Françoise.

En un arca sin dos de cada especie
no pude evitar protagonizar
un amanecer después del ocaso.

Hoy, en cualquier naufragio que se precie,
se ahogan los héroes y el capitán
siempre es el último en dejar el vaso.

21 de febrero de 2010

Vivo

Hoy me he resbalado temprano y he salido a pasear por el centro del mundo. Como el sol parecía empeñado en dispararme por la espalda, he decidido atrincherarme de su bombardeo perpendicular colándome en una de esas diminutas tiendas de autor que pueblan el casco. Dispuesto a echarle una ojeada al más moderno catálogo de vidas que tuvieran. Aunque sólo fuera para salvar el rato.

El dependiento se ha esmerado en enseñarme la nueva colección, vidas llenas de transparencias, muebles modulares y artefactos minimalistamente funcionales; fragancias de nombres inpronunciables e informativos financieros. Y aunque tan meticulosamente planificadas como para llamar la atención de un adicto al orden como me considero, ninguna de ellas me ha llamado la intención.

Atrapado como estaba, se me ha ocurrido matar muriendo. Pues he construido un foco cegador y lo he interrogado sobre algo más desatado y caricaturesco, algo insanamente bohemio; algo Soho, algo Baratario, algo... no sé, algo con personalidad en lugar de tanto carácter.

El ha limpiado el polvo de un antiguo baúl me ha ilustrado con los catálogos de una vida por la que hace mucho mucho tiempo que nadie pregunta, que tuvo su momento de gloria pero que hoy día ha caído en el olvido. Parecía como si aquellos papeles enmohecidos llevaran dos eternidades esperándome. Sabios y oscurecidos como las entrañas de la biblioteca de Babel, pero con más posibilidades. Traían un sinfín de instrucciones que detallaban al pie de la letra como hilvanar las neuronas para formar sólidos recuerdos y un sextante para no perderse en las traicioneras aguas de la rutina.

Forman un paquete completo de dónde, cuándo, cómo, con quién en incluso porqué que no pienso dejar pasar. Por mi mente han comenzado a viajar ya entonces cientos de ideas que han guiado mi mano mientras firmaba el contrato. He comprado esa vida. La recibiré en un plazo máximo de tres años, mientras tanto, llevaré orgulloso en la oreja el lápiz carcomido con el que he rubricado el acuerdo. Y cuando llegue el día pienso soñarla tal y como ahora lo hago, tal y como viene descrito en condición sin ecuanum que debo hacerlo en los planos que hoy he adquirido, a mi manera.